Wednesday, May 31, 2006
Dal Masseto dijo

EL PEUGEOT NEGRO dejó el asfalto, cruzó delante de los surtidores de nafta y fue a detenerse bajo la sombra de un árbol. Los cuatro hombres bajaron, entraron en el bar y pidieron cerveza. —Salud —dijo uno. —Salud —contestó otro. —Para que mañana sea un buen día —dijo el tercero. —Para que podamos volver a casa —agregó el cuarto. —¿Cuál casa? —La de uno. —Dicen que la casa de uno está ubicada exactamente ahí donde nace el arco iris. —No debe de ser fácil llegar a ese lugar. —Seguro que no. Pagaron, salieron y retomaron la ruta
Saturday, May 27, 2006
Abelardo Castillo dijo

Parecía absurdo, sí, y seguramente lo era, pero él se había pasado la vida sintiendo (cómo escribirlo, sin embargo, cómo no adivinar tu gesto de fastidio ante la inminencia de las grandes palabras, cómo ignorar los efectos que produce en el ritmo de tu respiración, en los músculos de tus párpados y de tu boca, mi arrebatador estilo), sintiendo que tenía una deuda con todos los hombres. Especie de locura mesiánica o consecuencia de haber leído de muy chico a Dostoievski y haberse tomado en serio aquello de que todos somos responsables de todo ante todos. O la conciencia de haber llegado a los treinta y tres años sin cumplir una sola de las fastuosas promesas que había hecho, y se había hecho, en la adolescencia.
Pavese dijo

Hay días en los cuales la ciudad donde vivo, y los transeúntes, el tráfico, los árboles, todo se despierta por la mañana con un aspecto extraño, usual y sin embargo irreconocible, como en esos instantes en que uno se mira al espejo y se pregunta: «¿Quién es ese tipo?» Para mí, son los únicos días amables del año.Esas mañanas me escapo, si puedo, un poco antes de la oficina y bajo a las calles mezclándome con el gentío, y no me da corte mirar fijamente a cualquiera que pase, del mismo modo que, imagino, algún transeúnte me mira a mí, porque de verdad en esos momentos experimento una sensación de jactancia que me convierte en otro hombre.Estoy convencido de que jamás recibiré de la vida nada valioso, salvo quizás la revelación de cómo podría conseguir provocar a voluntad esos instantes. Un modo de prolongarlos que a veces me ha salido es sentarme en algún café reciente, claro y acristalado, y desde allí captar el estruendo de la calle con sus idas y venidas, el relampagueo de los colores y las voces, y la calma interior que regula toda la agitación.
Tuesday, May 23, 2006
Olga Orozco dijo

Mis poderes son escasos. No he logrado trizar un cristal con la mirada, pero tampoco he conseguido la santidad, ni siquiera a ras del suelo. Mi solidaridad se manifiesta sobre todo en el contagio: padezco de paredes agrietadas, de árbol abatido, de perro muerto, de procesión de antorchas y hasta de flor que crece en el patíbulo. Pero mi peste pertinaz es la palabra.
Thursday, May 18, 2006
Michael Foucault

En la época clásica, el ser en bruto del lenguaje —esta masa de signos depositada en el mundo para ejercer allí nuestra interrogación— se borró, pero el lenguaje anudó nuevas relaciones con el ser, más difíciles de apresar ya que el lenguaje lo enuncia y lo reúne por medio de una palabra; lo afirma desde el interior de sí mismo, y, sin embargo, no podría existir como lenguaje si esta palabra, por sí sola, no sostuviera de antemano todo posible discurso. Sin una manera de designar al ser, no habría lenguaje; pero sin lenguaje, no habría el verbo ser, que sólo es una parte de aquél. Esta simple palabra es el ser representado en el lenguaje; pero es también el ser representativo del lenguaje —aquello que, al permitirle afirmar lo que dice, lo hace susceptible de verdad o de error. Y por ello es diferente de todos los signos que pueden ser conformes, fieles, ajustados o no a lo que designan, pero que no son jamás verdaderos o falsos. El lenguaje es, de un cabo a otro, discurso, gracias a este poder singular de una palabra que hace pasar el sistema de signos hacia el ser de lo que se significa.
Friday, May 12, 2006
Monday, May 01, 2006
Siempre Cioran

" Por cobardía sustituimos la sensación de nuestra nada por la sensación de la nada. Y es que la nada general apenas nos inquieta: vemos en ella demasiado a menudo una promesa, una ausencia fragmentaria, un callejón sin salida que se abre. Durante largo tiempo me obstiné en hallar a alguien que lo supiera todo sobre sí mismo y sobre los otros, un sabio-demonio, divinamente clarividente. Cada vez que creía haberlo encontrado, debía, tras un examen, cambiar de opinión: el nuevo elegido tenía todavía alguna mancha, algún punto negro, no sé qué recoveco de inconsciencia o de debilidad que le rebajaba al nivel de los humanos. Percibía yo en él huellas de deseo o de esperanza, o algún residuo de pesar. Su cinismo era manifiestamente incompleto. ¡Qué decepción! Y proseguía siempre mi búsqueda y siempre mis ídolos del momento pecaban en algún aspecto: el hombre estaba presente en ellos, oculto, maquillado o escamoteado. Acabé por comprender el despotismo de la especie, y por no soñar más que con un no-hombre, con un monstruo que estuviese totalmente convencido de su nada. Era una locura concebirlo: no podía existir, ya que la lucidez absoluta es incompatible con la realidad de los órganos. "





